Parque Nacional de Tayrona: una reserva protegida en el Caribe colombiano

El Parque Nacional de Tayrona cobija una rica fauna y resto precolombinos

El cabo de San Juan de la Guía es tan pequeño como idílico, uno de esos paraísos que se sueñan cuando se piensa en lugares recónditos a orillas de los océanos Es un promontorio circular en forma de pomo que parecería una islíta si no fuera porque está unido por un estrecho brazo de tierra que, a lado y lado, depara bellas playas de arenas blancas y aguas cristalinas y tranquilas.

Por suerte, los años de conflicto armado que hicieron olvidar este pedazo de costa caribeña colombiana llamado Parque Nacional Na­tural de Tayrona parecen haber terminado en la región.

A los pies de la Sierra Nevada de Santa Marta

La zona de Tayrona, una estrecha franja litoral de poco más de 36 kilómetros cuadrados, es la falda marítima de la Siena Nevada de Santa Marta, la cadena montañosa costera de mayor altura del mundo, pues sus cumbres superan los 5,700 metros. Una ca­rretera que lleva de la ciudad de Santa Marta a Venezuela separa ambos espacios protegidos. 

El Tayrona, que recibe su nombre de los indígenas que poblaban y pueblan la re­gión, conserva la selva húmeda que cobija a jaguares y peca­ris, además de unas 200 especies de aves como los tucanes o los pájaros carpinteros. En apenas tres horas de caminata se atraviesa el parque, del bosque a 600 metros de altura a las playas de aspecto fantasmagórico gracias a las rocas graníti­cas zoomorfas que ha ido esculpiendo el mar.

Restos de civilizaciones precolombinas

Otro aliciente del parque nacional son los restos de civili­zaciones precolombinas, como Pueblito, donde todavía vi­ven algunos nativos koguis, que se pasean por el bosque ataviados con sus túnicas blancas. A Pueblito se llega por un camino enlosado que desemboca en el cabo de San juan de la Guía y cuenta con una plaza ceremonial, terrazas de piedra e ingenios de canalización de agua. Pueblito, de gran significa­do espiritual para los indígenas, es como un anticipo de la famosa Ciudad Perdida, en las entrañas de la sierra de Santa Marta, que también fue erigida por el pueblo kogui.

El incipiente turismo 

Los koguis empiezan a beneficiarse del turismo y venden artesanías, sobre todo textiles, a las puertas de uno de los paraísos mejor conservados del Caribe.  El parque de Tayrona invita a caminar entre sus calas y ensenadas, que recuerdan las postales de piedras talladasde las islas Seychelles, y cuen­ta con una red de senderos donde de vez en cuando se descu­bren iguanas, micos y hasta algún venado 

Pero Tayrona pertenece al Caribe, al ritmo cansino y sosegado de Santa Marta, que fue uno de los puertos más preciados por los españoles en el siglo XVI y que es cabecera del departamento del Mag­dalena, el río que atraviesa Colombia por el valle que forman las dos vertientes de la Cordillera de los Andes. 

Cómo llegar

Las agencias de viajes locales montan excursiones de un día en lanchas desde Santa Marta o Taganga. También se puede contratar un paque­te que lleva en coche hasta la entrada principal del parque en Zaino, o hasta donde empieza el camino a Pueblito y el cabo San Juan. 

Mejor evitar las estaciones de lluvia, de mayo a junio y de septiem­bre a noviembre. Para saber más: web oficial de los parques co­lombianos www.parques naciónales.gov.co

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